Antes de hablar de modelos, tableros o algoritmos, conviene ordenar qué datos existen hoy en la operación, quién los usa y qué decisión concreta se quiere mejorar. Esta página describe ese recorrido inicial: relevamiento, acuerdos de trabajo y límites reales del punto de partida.
Ningún modelo de machine learning arranca por el algoritmo. Arranca por entender qué decisión se toma hoy, con qué datos y quién la firma. Ese es el punto de partida que ordena todo lo que viene después: relevamiento, prueba piloto, ajuste y puesta en producción. La secuencia que sigue no es rígida, pero sí marca el orden lógico que usamos en retail, distribución y logística para no construir sobre supuestos que nadie validó.
Entrevistas con las áreas comercial, operaciones y sistemas. Se documenta qué se decide hoy, con qué frecuencia y con qué información. Sin este paso, cualquier tablero termina archivado.
Revisión de punto de venta, ERP, hojas de cálculo paralelas y registros manuales. Se identifican huecos, duplicados y campos que nadie mantiene. La calidad del dato define el techo del proyecto.
Se elige una sucursal, una categoría o una ruta. El objetivo es medir contra una línea base concreta: error de pronóstico, kilómetros recorridos, quiebres de stock. Nada se generaliza todavía.
Los supervisores marcan dónde el modelo se equivoca y por qué. Se incorporan restricciones reales: ventanas horarias, capacidad de flota, promociones puntuales. El algoritmo se corrige con criterio humano.
El modelo pasa a operar con revisión semanal. Se definen responsables, alertas por desvío y una cadencia fija para revisar resultados. Lo que no se monitorea, se degrada en pocos meses.
Cómo arranca un proyecto de analítica
Antes de hablar de algoritmos conviene ordenar el punto de partida. La mayoría de las empresas que llegan a Magic AI Pro ya tienen datos dispersos en el punto de venta, el sistema de gestión y planillas sueltas. El trabajo empieza por entender qué decisión se quiere mejorar y qué información existe hoy para sostenerla. No es un proceso lineal ni rápido: entre la primera conversación y un modelo funcionando en producción suelen pasar entre seis y doce semanas, según el volumen de datos y la calidad de los registros.
Se define qué se quiere resolver: reposición por sucursal, quiebres de stock, costos de última milla o asignación de cartera. En esta etapa se entrevista a los responsables de área y se acuerda una métrica de referencia. Sin una pregunta clara, cualquier tablero posterior queda huérfano.
Se revisan fuentes, frecuencia de actualización y consistencia. Es habitual encontrar ventas duplicadas, categorías mal codificadas o registros de tráfico desactualizados. Aquí se decide qué se puede modelar y qué requiere depuración previa antes de avanzar.
Se construye un primer modelo acotado a un segmento o una sucursal piloto. El objetivo no es la precisión perfecta sino verificar que el resultado tiene sentido para quien toma la decisión. Se ajustan variables y se documentan los supuestos.
El modelo se integra al flujo de trabajo existente: reporte semanal, alerta de reposición o panel por rol. Se capacita al equipo que va a usarlo y se define quién revisa los resultados. Un modelo que nadie consulta no genera valor.
Los patrones de consumo cambian y los modelos se degradan. Se monitorea el error de pronóstico y se reentrena con datos nuevos. Esta etapa no tiene fecha de cierre: es la que sostiene el resultado en el tiempo.
Si querés ver qué tipo de proyectos ya están en marcha, podés revisar los casos y soluciones aplicadas o conocer los formatos de trabajo disponibles.